El montañista y escalador sabe cuando dejar su mascota si sube al Cajón del Maipo. No porque alguien se lo exija, sino porque conoce el territorio al que va y entiende lo que ocurre cuando un perro se suelta en el matorral esclerófilo o en las quebradas de la alta cordillera. Esa decisión, que se toma antes de salir de casa, es parte del mismo criterio que lo lleva a revisar el pronóstico del tiempo, llevar agua suficiente y conocer la ruta de regreso.
Lo que ocurre cuando el perro se suelta
Un perro suelto en el Cajón del Maipo no está paseando. Está activando instintos que miles de años de domesticación no eliminaron. Persigue lo que se mueve, marca territorio, altera los ritmos de actividad de los animales que viven ahí. Aunque no logre atrapar nada, su sola presencia es suficiente para que un zorro chilla cambie su ruta, una lagartija abandone su punto de asoleamiento o un ave de matorral deje su nido.
El libro Los Carnívoros de Chile (Iriarte & Jaksic, 2022) documenta que los perros se alejan hasta 4,3 kilómetros desde su lugar de habitación, utilizando caminos y senderos cuando entran a sectores boscosos. Ese radio de acción cubre sectores que el dueño ni siquiera sabe que su perro está alcanzando. En zonas rurales de Chile central, los perros han sido documentados como fuente de mortalidad de guanacos y como vectores de distemper canino en zorros silvestres, con registros de mortandad atribuida a transmisión desde mascotas domésticas.
«Los perros se pueden alejar hasta 4,3 kilómetros desde su lugar de habitación, prefiriendo los pastizales y utilizando caminos o senderos cuando entran a lugares boscosos.»
En el Cajón del Maipo, donde el zorro chilla, el culpeo y el guanaco en proceso de reintroducción comparten el territorio con excursionistas y escaladores, ese dato no es abstracto.
El perro también sale perdiendo
Dejar al perro en casa es también una decisión en favor del perro. Un perro doméstico no está equipado para la montaña de la misma manera que su dueño: sus almohadillas no están endurecidas para el terreno pedregoso y abrasivo de la cordillera, se deshidrata más rápido que un humano en actividad intensa y no tiene forma de comunicar cuándo está agotado hasta que ya es tarde. Los cambios bruscos de temperatura que caracterizan las quebradas del Cajón del Maipo, donde el calor del mediodía puede ceder veinte grados en pocas horas al atardecer, afectan a un animal que no regula su temperatura corporal con la misma eficiencia que una persona con ropa técnica adecuada.
El territorio tiene además sectores con terreno accidentado, suelos sueltos y pendientes que exigen un esfuerzo físico sostenido. Un animal acostumbrado al ambiente doméstico no maneja esas variables igual que su dueño. Los centros de rehabilitación del Cajón del Maipo reciben con cierta frecuencia animales lastimados durante excursiones en las que se subestimaron las condiciones del terreno.
Una decisión que se toma antes de salir
El montañista y escalador que conoce bien el Cajón del Maipo ya incorporó esta lógica a su forma de preparar una salida. Sale temprano, lleva el equipo adecuado, conoce la diferencia entre un sendero habilitado y un cerro libre. Y cuando decide subir al Morado, bajar al Colorado o explorar las quebradas del río Yeso, deja al perro con alguien de confianza o lo deja en casa con agua fresca y espacio.
La misma lógica que lo lleva a no cortar flores, no sacar piedras y no dejar basura en el sendero aplica para esta decisión. El Cajón del Maipo tiene fauna que lleva mucho más tiempo en ese territorio que cualquier mascota, y el montañista que sube sin perro tiene algo que el otro no tiene: la posibilidad real de cruzarse con un zorro, ver planear un cóndor sin que nada lo espante, o escuchar la montaña sin que nadie ladre.